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El Lado Oscuro de la Crítica Literaria Dominicana  

El Lado Oscuro de la Crítica Literaria Dominicana

Por Raquel Virginia Cabrera.

Los esfuerzos de compilación de bibliógrafos e investigadores literarios, nos ayudan a crear una perspectiva en ocasiones enriquecedora, y en otros casos de mucho cuestionamiento del criterio de selección, de los trabajos que componen la misma. Tal es el caso, del valioso aporte que intentan hacer Miguel Collado y Rafael García Romero a la labor literaria de las escritoras dominicanas del siglo pasado con la reunión de ensayos críticos de diversos autores de renombre en las letras dominicanas en “Ensayos Críticos Sobre Escritoras Dominicanas del Siglo XX”. Ediciones Cedibil (2002) Santo Domingo.

Más allá de algunos excelentes trabajos seleccionados, que además de estar bien escritos en el género del ensayo literario, también ponderan la calidad de la obra y el esfuerzo de estas mujeres, al atreverse publicar sus trabajos en una sociedad que desde principio hasta finales de siglo se caracteriza por sus arraigados patrones patriarcales. Están también aquellos, de los cuales realizaré algunos señalamientos, ya que fueron escritos, por algunos de nuestros hombres literatos que lejos de ponderar la obra de las escritoras estudiadas; lo que hacen es minimizarla injustamente con un discurso que refleja machismo, mediocridad, evasión de responsabilidad y la falta de honestidad e integridad en nuestra crítica literaria dominicana.

El trabajo más representativo del pensamiento machista arraigado en nuestra crítica literaria incluido en esta compilación, es el realizado por Bruno Rosario Candelier en “Irene Santos, Desnuda Ante El Poema”, donde realiza un estratégico y premeditado desglose teórico sobre las diferencias existentes entre amor, erotismo y sexo, situando a este último como el más bajo en la escala de valores, según nuestro adalid del movimiento interiorista dominicano y a su vez, situando la poesía de Santos en este renglón, aseverando que el sexo es su único motor para realizar literatura.

He aquí las indignantes palabras de nuestro director de la Real Academia de la Lengua Dominicana cuando se refiere a la poeta: “Las mismas imágenes poéticas y muchos de los términos predilectos de Irene Santos están asociados al sexo, y por el sexo habla, por el sexo canta, por el sexo crea....Aún más el sexo la hizo vivir y transmutar esa vivencia en tema y motivo de su más hondo anhelo, que es la literatura. Lo sexual es pues aliento en estos poemas de Irene Santos, quien, por el sexo, pudo cantar, romper el silencio, convertirse en una hacedora de poemas...”(p.492).

Después de declaraciones tan directamente irrespetuosas al trabajo poético no sólo de Santos, sino al trabajo de cualquier mujer que intente abordar la temática del sexo en nuestra literatura; en primer lugar etiquetándola como sexista y atribuyendo a este término una visión de menosprecio que representa más el valor de juicio del cristianismo que el de la literatura. ¿Existe entonces, un panorama esperanzador sobre el avance de la mujer en nuestra sociedad dominicana, si sus estructuras continúan apoyándose en estos paradigmas que más que moral son éticamente injustos?

Estas afirmaciones reflejan que lamentablemente nuestra intelectualidad dominicana, la cual se supone deba estar a la vanguardia en el pensamiento de nuestra sociedad, está todavía situada a cien años luz, de la conciencia social que ubica a la mujer en condiciones de igualdad. Pero, si por otro lado reducimos estas palabras a un juicio meramente personal de un intelectual dominicano; me desconcierta más, el criterio de selección de los que aquí se hacen eco de estos juicios con complacencia y sin ningún sentido crítico. Y así empezar a cuestionar, si el propósito verdadero de nuestros compiladores ha sido ponderar la obra de las escritoras elegidas o simplemente ha sido reunir escritos realizados por intelectuales de renombre en nuestra literatura dominicana, que se han referido a mujeres escritoras. Creo que queda muy claro la diferencia que existe en estas dos intenciones y el efecto contrario con el cual repercute este documento bibliográfico al presentarlo como un reconocimiento a la labor de las escritoras dominicanas.

En el orden de la mediocridad del pensamiento crítico en nuestra literatura,  lo representa en esta ocasión, el trabajo realizado por Tony Raful en “Los Múltiples Contactos en la Mirada de Ylonka Nacidit Perdomo”. El cual pretende ponderar la obra de esta joven poeta, usando como recurso deshonesto, el menosprecio a la labor realizada por los demás poetas de su generación para así lograr ridiculizarla a su máxima expresión. Alguien capaz de cometer genocidio contra la labor poética de la generación completa de poetas a la cual pertenece Perdomo y a su generación anterior, no podrá persuadirme de su sinceridad al reconocer aciertos en los trabajos de esta joven poeta que aisladamente o en grupo forma parte de la misma.

Este trabajo de introducción al poemario de Perdomo, “Contacto de una Mirada” , de nuestro actual ex secretario de estado de cultura, refleja arrogancia en sus juicios absolutistas, pero sobre todo, se puede percatar un cinismo disfrazado de complacencia que no concuerda con los juicios de valor creativo que según Raful están desérticos en los años 70 y 80. Este poeta de la generación del 65 afirma: “En estos años no aparece un sólo texto que pueda representar a los diferentes núcleos de poetas que fueron surgiendo en los talleres literarios o en las universidades. Afectados en grado sumo por una tendencia academicista que los convirtió en profesores de lenguaje a tiempo completo y a otros en publicistas, los nuevos valores no han creado en términos orgánicos ni textuales ningún aporte al proceso literario nacional. En un conjunto de apariciones y desapariciones, permanecen en un anonimato suficiente, del que no han podido salir a pesar de haber obtenido galardones nacionales.”(p.513).

Aunque más adelante menciona:“En ese páramo resulta gratificante encontrarse con Ylonka Nacidit Perdomo...se trata de unas de las exponentes del nuevo orden poético nacional”.(p.514). Esta técnica de anular a la posible competencia, para que el trabajo poético en esta ocasión de Perdomo, pueda resaltar, es en definitiva una forma grotesca de realizar un trabajo crítico creativo que verdaderamente aporte a la ponderación de la obra de Perdomo. No es necesario llegar a la adulación de forma oportunista al presentar un libro, porque esto causa más daño que beneficio a los autores y a sus obras. Bastaba con presentarla sólo con honestidad y sin intenciones de usarla como chivo expiatorio para hacerles sentir a los poetas más jóvenes, que las obras “mientras más añejas son mejores” como si la poesía fuese en medidas de calidad un símil del vino.

Finalmente, quiero referirme a dos últimos trabajos que aunque no están en la misma línea de los anteriores, sin embargo,  me han desconcertado. El primero, es el realizado por el destacado poeta de la generación 80, José Mármol en “Marta Rivera Diez Años Después”,  porque percibo que se repite el mismo patrón de discriminación y falta de reconocimiento que han venido practicando autores viejos con la obra de autores jóvenes. Mármol comete el desliz de hacerlo con su propia compañera de generación, desliz que parece haberse convertido en norma social tanto como cometer pecado de omisión.

El juicio de Mármol en la obra de Rivera se limita a encasillarla a su teoría de la poesía del pensamiento, además de asegurar que la poeta sufre a otros poetas, como si sus influencias le restaran mérito de quien no sabe a partir de la tradición desarrollar una voz personal y depurada. Así se refiere nuestro Premio Nacional de Poesía 1987 a “Geometría del Vértigo”: “En esta obra, cuyas influencias y claves literarias, sin que parezca la autora angustiarse por ello, quedan expuestas al desnudo al lector, el lenguaje poético se vuelve menos simbólico per se, mucho más referencial...”(p.435).

Marta Rivera es una poeta la cual no se le debe minimizar su valor creativo considerándola como eco de otros poetas, como si ella no supiera digerir sus influencias y mucho menos,  debe ser encasillada como Mármol lo hace a continuación: ”Este es un libro que se inscribe en lo que se denomina poética del pensar....esta poesía enfrenta un grave riesgo, ese que E.M. Ciorán le enrostra a Paul Valéry, el de asimilar el acto poético a un cálculo, a una tentativa premeditada....no es la palabra geometría una gratuidad sonora ni imaginistica. La geometría evoca cálculo, la perfección, la precisión, la armonía de los símbolos, hasta conseguir la nada, que según ella, `es el todo que tiene más sentido' “(p. 437).

Ese marco teórico en el cual se pretende situar a la poeta es éticamente injusto, porque desde ese mismo marco teórico se rebuscan debilidades que no existen, aparentemente con el propósito de validar una teoría, que para darle vida, necesita escudarse detrás de la obra con la calidad que ha exhibido Rivera en sus trabajos.

El otro trabajo seleccionado en esta compilación,  en el que haré algunos señalamientos es el realizado por Fernando Cabrera en “Carmen Sánchez, Poesía de la Mujer Reasumida”, ya que como trabajo crítico seleccionado es creativamente deficiente, porque su autor escogió el camino más fácil y el de menos responsabilidad que eligen algunos críticos, al querer explicar la poesía, párrafo por párrafo. Este tipo de ejercicio de forma tan viciada, en un trabajo completo y tan carente de rigor, no califica dentro de la categoría de ensayo literario para haber sido incluido en esta compilación.

Cabrera, trata de exponer las virtudes del libro “Demando Otro Tiempo” de la poeta Carmen Sánchez; sin embargo, éste se concentra paradójicamente en divagar sobre el asunto temático, excluyendo todos los demás aspectos de carácter poético como son la técnica y la estética en el uso del lenguaje. Sánchez, merece haber sido representada en este documento bibliográfico con un ensayo más integro y mejor desarrollado sobre su trabajo literario.

Enero del 2005.  Copyright © Raquel Virginia Cabrera.